![]() |
| Escena de la película Titanic de los músicos totando en cubierta |
Las situaciones límites son la que nos enseñan cómo son verdaderamente las personas. En épocas de relativa normalidad, no enseñamos mucho nuestras aristas, pero éstas salen cuando los recursos escasean o las situaciones se tensan o polarizan. Ahí es donde sale el egoísmo o la solidaridad, la elegancia o la grosería, la empatía o la indiferencia, el amor o el odio.
La crisis sanitaria mundial producida por el coronavirus nos muestra bien a las claras y sin filtros cómo es verdaderamente el mundo en que vivimos. Desgraciadamente un mundo cruel, egoísta, clasista y sumamente demagógico. Y decimos esto no desde la resignación ni el pesimismo, sino desde el convencimiento de que “otro mundo es posible”, y de que “el hombre (necesariamente no tiene que ser) un lobo para el hombre”.
El reparto de las vacunas contra el covid-19 nos da una instantánea tristemente real de dónde vivimos actualmente. Seguramente recordarán ustedes la famosa película de Titanic, en la cual aparecen escenas de cómo encierran a la tercera clase en los pasillos de sus camarotes para que no puedan acceder a cubierta y los botes salvavidas; cómo los músicos tocan hasta el último momento mientras la primera clase sube cómodamente a los botes; o cómo se paga por poder acceder a alguno de los escasos puestos en las barcazas. Y mirábamos estas escenas pensando… cómo podían hacer esas cosas tan injustas y afortunadamente cuánto hemos avanzado. Permítannos que nos riamos (jajaja). Noticias que salen todos los días en los telediarios: “Israel ha vacunado a la mitad de su población”. ¿Alguien les ha contado que no ha llegado ninguna vacuna para la población palestina? Parece que no estamos tan lejos de las imágenes del Titanic cerrando las verjas a los pasajeros de tercera clase, ¿verdad?
![]() |
| La tercera clase fue encerrada en sus camarotes para que no accedieran a los botes salvavidas |
No hay vacunas para los palestinos, pero tampoco para África, ni para gran parte de Latinoamérica, ni para la mayoría de Asia. 25 vacunas se habían puesto hasta el momento en África. Este es el mundo que tenemos.
Pero esto no es todo. Y lo queremos decir bien alto para que lo entiendan quienes defienden la privatización de los servicios públicos. Las necesidades básicas deben ser cubiertas por lo público, porque cuando entra lo privado (y la necesidad del beneficio empresarial) salta por los aires la prestación adecuada del servicio. La inoculación de las vacunas se ha convertido en una necesidad básica para la población, sin embargo en vez de haber generado esta vacuna desde las estructuras públicas de la UE, han dejado que sean farmacéuticas privadas las que obtengan la patente de las vacunas y que por lo tanto las van a vender al mejor postor. No se extrañen ahora de los retrasos, ni de los chantajes para obtener más dinero por parte de éstas. La culpa fue de quién permitió desarrollar esta vacuna desde lo privado, en vez de desde lo público. Aunque posiblemente quién lo permitió sabía bien lo que hacía, y seguramente ahora mismo también se estará lucrando de este bien básico.
No se olviden: las necesidades de todos es siempre mejor que nosotros, desde lo público, nos las suministremos. Y esto tanto para las vacunas, como para la sanidad, la educación, el agua, la limpieza, la energía, las pensiones, etc.


No hay comentarios:
Publicar un comentario